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30 diciembre, 2011
13 diciembre, 2011
La Suerte
Cara o cruz, un as bajo la manga, un número al azar, unos ojos que te
encuentran por casualidad, una boca que te pronuncia, una moneda en tu camino, un
autobús que te deja, una cita a la que no llegas.
La suerte te toca, de vez en cuando, para bien o para mal, te toca. La
suerte es una puta impredecible que cambia de esquina según el cliente. Y llega
el día que te toca, la seduces sin saberlo y sin despedirse, se va. Esa es la
suerte.
Imposible detenerla, imposible manosearla cuando quieras. No le sabes
el nombre ni el apellido, no le sabes el disfraz, le conoces poco y por eso,
poco dura a tu lado.
Ella te sonríe. Tú no sabes hacerlo. Eres malagradecido, eres
soberbio, eres humano.
La suerte te toca muy despacio, con complacencia y sigilo te avisa que
va quedarse a dormir, que va quedarse para que le hagas el amor. Y tú sin tacto
y sin ojos, la ultrajas, la laceras, la sometes. A la mañana siguiente, nada,
lo de siempre. Se ha ido, sin dejar avisos, sin una nota, sin un teléfono a
donde llamar.
No es que la suerte se haya olvidado de ti, tú te olvidaste de ella, sin
embargo no es rencorosa, y sabes que va volver aunque no sepas cuando.
La próxima vez, que te queda claro algo: de la suerte no se abusa.
08 diciembre, 2011
Ensayo de una noche.
Altas,
obscuras, redondas horas que tiene la noche. Las horas después de las 12 duran
más de 60 minutos, me consta.
Y
desde aquí, desde una cama con ventana, se escucha lo de allá afuera, se oye el
respirar de los grillos y el ronquido de las calles. Y todo es perfecto. La
vida va bien, la resuelvo en dos, tres horas. Los pendientes está listos para
ser atendidos según lo planeado. La taquicardia ha disminuido con el último
sorbo de coca-cola y las deudas más baratas que tengo las tengo en el banco.
Todo va bien según el plan, según el destino (si es que hay uno).
Los
problemas más complicados de mi existencia se curan por la madrugada, se
resuelven con unos ojos pegados al techo, los míos. Que miran y hurgan de la
pupila pa´dentro. Y todo tiene solución, todo es sencillo, el laberinto más
enredado tiene salida, que no es otra que la entrada. El dolor más terrible
tiene remedio, se llama eutanasia.
Y
no, la cama no cabe por la ventana ni viceversa. La cama tiene tatuada mi
silueta y me reclama, pero hoy, he decidido no darle gusto, hoy voy a resolver mi
existencia de una vez por todas. Como todas las noches. Y sí, una vez más doy
con la solución, sólo que la solución una vez me parece muy fácil. Y yo que no
creo en lo fácil. Es entonces que caigo en cuentas, que lo mío, lo mío, en
realidad es un tema de incredulidad.
Quién
me manda tener muchas soluciones de sobra por las noches y no tener los problemas
suficientes para darles su lugar.
05 septiembre, 2011
Nimiedades
Hay
momentos, pequeños momentos, casi diminutos, que te cambian la vida.
Y
no hablo de momentos como lo son los cumpleaños o como las celebraciones de
vida, graduaciones, aniversarios y todas esas cosas que nos empeñamos por
pagarles peaje al futuro para que de alguna manera nos aseguremos que mañana
tendremos motivos.
No,
no hablo de esos momentos. Hablo de los que no tienen fecha en la memoria, de
los que no se celebran con un pastel ni se vuelven efemérides.
Un
regaño, un raspón de rodillas, una quemada, un beso, una mano en la entrepierna,
un susto, un diagnóstico, un quebrada de hueso o de corazón, una verdad
revelada, una palabra maldicha y bien puesta, una adolescencia, una canción, un
golpe de suerte, un lugar preciso, un colchón.
Tantas
veces te ha cambiado la vida y no te das cuenta, sigues pensando que lo
importante vas recordarlo siempre, y lo realmente importante es eso, que sin
saberlo, un día descubres cuánto te importaba.
Solos
Despiertas,
es temprano, en el cuarto hay luz, en el baño agua caliente y en el estómago
hambre. Te levantas, te acuestas, el tiempo pasa. Gente va y viene, siempre va
y viene, nadie se quedará a tu lado por mucho que lo quieras. La gente se va,
hay de la que no vuelve, de la que un día desaparece y de la te acompaña por
casualidades. Sí, casualidades.
La
gente está de paso, tú también. Se acompañan, se impregnan, se viven, se
penetran, se estigmatizan y simulan ser felices con la herida que causa la
rutina. Se engañan, se vive mejor disimulando, como una anestesia que adormece
el cuerpo y poco a poco al corazón.
La
gente busca, y no sabe qué busca, pero busca buscar, un algo, un beso, una
guarida, unos brazos, un cajón, todos buscan, y cansados de buscar se quedan
con lo que mejor les acomode. He visto gente calzándose a la fuerza zapatos que
no les corresponden y desangrarse los tobillos.
Es
tan básica esta vida, que basta con asomarte bien bien allá afuera y ver que el
día que viniste y viste luz, llegaste solo y llorando. ¿Qué te hace pensar que
tienes que vivir acompañado? nadie se acuerda de ti, nadie te va a proveer de
vida, ¿qué te hace pensar que el plan es encontrar a alguien? ¿a quién?
aceptémoslo, estamos solos, no importa cuánto, dónde y con quién vivas, cuando se
calle tu mundo, tú, sólo tú, cruzarás el río.
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